Al igual que Ícaro, esta científica se acercó mucho al sol, pero, lejos de hacerla caer, el astro rey levantó su carrera. En este Día Internacional de la Mujer, hacemos un repaso por la increíble historia de Mária Telkes, una figura clave en el desarrollo temprano de la energía solar térmica.

maria telkes

Maria Telkes. Fotografía de Dittrick Medical History Center, Case Western Reserve University

Nacida en 1900 en Budapest, Hungría. Fue en su ciudad natal donde se formó hasta doctorarse en física con solo 24 años. A esa edad, comenzó a dar clase en la Universidad de Budapest, dando sus primeros pasos en el mundo académico.

Apenas un año más tarde, decidió trasladarse a Nueva York, donde desarrollaría la mayor parte de su carrera científica. En 1937, obtuvo la nacionalidad estadounidense al mismo tiempo que empezó a trabajar en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en 1940. Fue allí donde empezó a investigar en lo que acabaría convirtiéndose en su gran vocación: aprovechar la energía del sol y estudiar cómo podría emplearse para calentar viviendas en lugar de depender de combustibles fósiles.

Un proyecto ambicioso que se detuvo por la Segunda Guerra Mundial. No obstante, en ese periodo formó parte de un grupo de consejeros civiles de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico, donde colaboró en proyectos vinculados a las estructuras científicas que coordinaban la investigación para el esfuerzo bélico en Estados Unidos.

Un gran invento: el destilador solar de agua salada

Fue entonces, cuando Telkes creó uno de los inventos que mayor impacto global tendría, no estaba relacionado con calentar las viviendas. Nos referimos al destilador solar de agua salada. Como su nombre indica, permite obtener agua dulce a partir de la evaporación del agua de mar, y hoy, sigue formando parte de muchos equipos de salvamento marítimo.

El desarrollo no fue fácil. Desacuerdos sobre los métodos de producción con Hoyt C. Hottel, uno de sus superiores en el MIT, retrasaron el desarrollo del destilador hasta casi el final de la guerra.

La casa solar de Dover

Acabada la guerra, ya en 1947, volvió a centrarse en el uso de la energía solar en los hogares. Desarrolló una de las propuestas más ambiciosas de su carrera, junto con la arquitecta Eleanor Raymond y la filántropa Amelia Peabody: la Dover Sun House.

Telkes creó un sistema de almacenamiento de energía solar basado en las llamadas sales de Glauber, capaces de acumular grandes cantidades de calor y liberarlo poco a poco, lo que permitía mantener una temperatura constante en la casa. Esta idea tomó forma gracias al diseño arquitectónico que Eleanor Raymond pensó para la vivienda, y del apoyo económico que brindó Amelia Peabody.

Esta colaboración tan especial entre mujeres consiguió un reconocimiento en revistas científicas y de arquitectura de todo el mundo. Sin embargo, aquel triunfo no tardó en verse empañado. La casa, al tercer invierno, comenzó a sufrir filtraciones de sales, que corroyeron los mecanismos y tuberías del sistema, y su jefe en el MIT terminó por apartarla del proyecto.

Hornos solares a 177 grados

Telkes no tardó en ser reclutada para un nuevo puesto, esta vez en el New York University College of Engineering, donde volvió a poner su capacidad inventora al servicio del sol y, esta vez, al servicio de los países en vías de desarrollo.

En 1954, la Fundación Ford reunió 45.000 dólares para financiar la creación de hornos solares que pudieran utilizarse en estas regiones, con tres condiciones muy claras: que fueran baratos, fáciles de transportar y, por supuesto, eficaces para cocinar alimentos.

Aunque no fue pionera en la creación de estos hornos, sí logró desarrollar un diseño mucho más optimizado que cumplía con todas las condiciones del proyecto y alcanzaban hasta 177 grados en menos de 30 minutos.

Radiación solar en el espacio

En 1958, fue nombrada directora de investigación solar en la compañía Curtiss-Wright, lo que la llevó a dirigir uno de los primeros laboratorios industriales dedicados al estudio de la energía solar. Todo un hito en una época. El laboratorio amplió sus estudios sobre materiales resistentes a la intensa radiación solar en el espacio, en un momento marcado por el inicio de la carrera espacial.

Parte de estos avances acabaría contribuyendo al desarrollo de tecnologías empleadas en los programas espaciales estadounidenses, incluidos los del programa Apolo, donde la resistencia de materiales y sistemas a condiciones extremas resultaba fundamental.

Investigación y ciencia

Telkes continuó explorando toda su vida aquello que más le apasionaba: demostrar que la energía solar podía sustituir a los combustibles fósiles en la vida cotidiana. Una trayectoria que nos hace ver que la ciencia también puede nacer de una simple pregunta dirigida al cielo.

En este Día Internacional de la Mujer, recordamos a Mária Telkes, una científica que se acercó al sol no por ambición —como Ícaro—, sino movida por el poderoso y humano deseo de comprender.

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