Bajar una película, hacer una videollamada o enviar un mensaje desde una zona sin cobertura móvil ya no es ciencia ficción. Cuando pensamos en internet, pensamos en cables de fibra óptica o antenas de telefonía móvil. Sin embargo, también es posible conectarse a la red a través de satélites que orbitan la Tierra.

Satélite

En España, las conexiones a internet por satélite han pasado de algo más de 10.000 accesos a finales de 2022 a cerca de 100.000 a finales de 2025. Aunque siguen representando una pequeña parte del mercado de acceso de banda ancha, su crecimiento está siendo muy significativo y está transformando la conectividad en zonas rurales y remotas.

Evolución del número de accesos a Internet por satélite y de las prestaciones del servicio (2020-2025). Fuente: CNMC

Evolución del número de accesos a Internet por satélite y de las prestaciones del servicio (2020-2025). Fuente: CNMC

Del satélite tradicional a las nuevas constelaciones

Durante décadas, los principales satélites que utilizábamos para las comunicaciones estaban situados en órbita geoestacionaria, a unos 35.786 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre.

Estos satélites tienen la ventaja de permanecer aparentemente fijos sobre un mismo punto de la superficie terrestre. Esto solo es posible a una altura determinada –los citados 35.786–, donde el período orbital del satélite coincide con el de rotación de la Tierra (es decir, rotan a la vez que la Tierra). Esta característica permite prestar servicios muy útiles, como la difusión de televisión o el acceso a Internet en lugares aislados. Sin embargo, esa gran distancia (para ponerla en perspectiva, el radio promedio de la Tierra es de 6.371 kilómetros) también supone una limitación importante: la señal debe recorrer un largo trayecto entre la Tierra y el satélite, lo que introduce una latencia elevada y puede generar retrasos perceptibles en servicios interactivos, como las llamadas o los juegos en línea.

La gran revolución ha llegado con las constelaciones de satélites en órbita baja (LEO), situadas a apenas unos cientos de kilómetros de altura (la definición de LEO comprende orbitas entre 160 y 2000 Km de altura).

Al estar mucho más cerca de la Tierra:

  • la latencia se reduce drásticamente;
  • las velocidades aumentan;
  • y la experiencia de uso se parece mucho más a la de una conexión terrestre.

Los protagonistas

Si hablamos de internet por satélite hoy, es imposible no mencionar a Starlink, la red desarrollada por SpaceX.

Su llegada a España en 2022 ha sido el principal motor del crecimiento reciente del mercado. Pero no es el único actor.

También operan o tienen previsto hacerlo empresas como OneWeb, integrada en Eutelsat; Amazon Leo, el proyecto satelital de Amazon; Viasat; Iridium o Hispasat, la compañía española que lleva décadas prestando servicios satelitales.

Asimismo, son muy conocidas las constelaciones Galileo (europea) y GPS (estadounidense), que utilizamos a diario para obtener nuestra posición mediante sistemas de geolocalización. Estas constelaciones orbitan en órbita media (MEO), situada entre las órbitas bajas (LEO) y geoestacionarias (GEO).

Además, se están produciendo importantes movimientos empresariales, como la integración de OneWeb y Eutelsat, la compra de Inmarsat por Viasat o la adquisición de Hispasat por Indra.

La imagen siguiente, a escala, permite apreciar la diferencia de altitud de 3 órbitas muy representativas, la de Starlink (ejemplo de constelación de órbita baja o LEO), Galileo (ejemplo de órbita media MEO) e Hispasat (ejemplo de órbita geoestacionaria o GEO).

Esquema de las órbitas de los satélites de Hispasat, Galileo y Starlink

Mucho más que internet rural

Cuando hablamos de conectividad por satélite solemos pensar en pueblos pequeños donde no llega la fibra.

Y es cierto que ese sigue siendo uno de sus principales usos.

Pero el satélite ya está presente en muchos más ámbitos:

  • comunicaciones marítimas
  • conectividad en aviones
  • instalaciones industriales remotas
  • agricultura y ganadería conectadas
  • seguimiento logístico de mercancías
  • servicios de emergencia
  • difusión de señales de televisión
  • Internet de las Cosas (IoT)

El siguiente paso: conectar el móvil directamente al satélite

Hasta ahora, acceder a internet por satélite requería antenas y equipos específicos.

Eso está empezando a cambiar. La nueva generación de servicios conocidos como Direct to Device (D2D) o Direct to Cell (D2C) permitirá que los teléfonos móviles convencionales puedan conectarse directamente a satélites cuando no haya cobertura terrestre disponible.

Los primeros servicios comerciales ya están apareciendo en distintos países y varias compañías trabajan para que esta tecnología llegue al mercado español.

La idea es sencilla: que el usuario siga utilizando su teléfono habitual, pero que, cuando desaparezca la cobertura móvil tradicional, entre en funcionamiento una red de respaldo basada en satélites.

Cuando las redes terrestres fallan

Uno de los aspectos más interesantes de esta tecnología es su utilidad en situaciones de emergencia. Durante los incendios que afectaron en julio de 2026 a zonas de Madrid, Ávila y Toledo, se activó por primera vez en España un servicio de conexión directa entre satélites y teléfonos móviles mediante tecnología Direct-to-Device (D2D). Ante los daños sufridos por las infraestructuras terrestres (las antenas de telefonía móvil), Starlink, en colaboración con MasOrange y Telefónica, habilitó temporalmente su red para que los teléfonos móviles compatibles pudieran conectarse directamente a los satélites cuando no había cobertura terrestre. De este modo, no solo los servicios de emergencia, sino también los ciudadanos que se encontraban en las zonas afectadas pudieron mantener comunicaciones básicas, como el envío y recepción de SMS y, en determinados casos, utilizar servicios de datos para aplicaciones como WhatsApp. La activación fue posible gracias a una autorización excepcional de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales para prestar el servicio.

Este episodio muestra de forma muy clara el potencial de los satélites como red de respaldo de las redes terrestres ante situaciones de emergencia, permitiendo mantener un nivel básico de conectividad incluso cuando las infraestructuras de telecomunicaciones resultan dañadas.

¿Puede el satélite sustituir a la fibra?

La respuesta corta es no.

España cuenta con una de las mayores coberturas de fibra óptica de Europa y las redes fijas seguirán siendo la tecnología principal para la mayoría de hogares y empresas.

La fibra, además, tiene ventajas técnicas difíciles de igualar. No depende del espectro radioeléctrico, un recurso escaso que debe repartirse entre operadores y servicios. Cada fibra tiene una capacidad muy elevada que, como mucho, se comparte entre unas decenas de hogares. Y una vez instalado, el cable dura décadas: para aumentar la velocidad basta con renovar los equipos de los extremos, sin volver a hacer obra. Por eso se dice que la fibra es una infraestructura «a prueba de futuro».

El satélite, en cambio, reparte una capacidad limitada entre todos los usuarios de una zona muy amplia, y además depende del espectro radioeléctrico. Donde vive poca gente, esa capacidad alcanza para todos y el servicio funciona bien. Pero en zonas densas, cuantos más usuarios se conectan, menos capacidad le queda a cada uno. Por eso el satélite es la solución más eficiente para las zonas más remotas, donde llevar la fibra resulta muy costoso, pero no puede atender una demanda masiva como la de las ciudades.

Pero tampoco es necesario que el satélite sustituya a la fibra para ser relevante.

Su verdadero papel es complementar las redes terrestres, garantizar la conectividad en zonas de difícil acceso, aportar resiliencia ante incidencias y ampliar la cobertura disponible para ciudadanos y empresas. Podemos ver el satélite como la última pieza del puzle de la conectividad: la que permite llevar una conexión de calidad a todos los ciudadanos y empresas, vivan donde vivan.

En otras palabras: la conectividad del futuro no será solo terrestre ni solo satelital. Será una combinación de ambas tecnologías.

Aquí tienes toda la información: INF/DTSA/244/25

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