Hoy recuperamos la sección destinada a facilitar la comprensión de algunos palabros esenciales en el mundo de las telecomunicaciones. Y en esta ocasión, con los objetivos europeos de universalización de la banda ancha en mente, vamos a hablar de fibra oscura.

fibra oscura

Éste podría ser el aspecto de un tubo con pares de fibra. Foto cortesía de Joost J. Bakker IJmuiden.

Como su nombre indica, es una fibra sin luz. Se trata, pues, de la fibra óptica “sin iluminar”, o lo que es lo mismo, instalada pero sin utilizar. Es decir, es la infraestructura que queda lista para que futuros clientes compren el ancho de banda y sobre ella abran paso a la tecnología que más les convenga.

Los tubos que se instalan bajo el suelo para transportar -entre otras cosas- fibra óptica, suelen tener una capacidad superior a la que la demanda de comunicaciones requiere. Resulta comprensible, pues, que las empresas operadoras al abrir las calles decidan dejar instalados “hilos” sin usar para no tener que volver a levantar los suelos cada vez que aumenta la demanda de conexiones.

La mejor analogía es la de un embotellamiento de tráfico: si por una vía que comunica dos ciudades pasan muchos coches, al ampliar esa vía los vehículos circularán con más fluidez, e incluso podrán pasar por ahí más coches. En otras palabras, aumentarán la capacidad y la velocidad de la circulación. De ahí esos conductos tan anchos que construyen y entierran las compañías, pues prevén que cada vez necesitaremos más capacidad y velocidad para transferir y conservar datos. Además, podrán hacer negocio al ofrecer a otros operadores sus infraestructuras.

Hoy día… ¿quién utiliza fibra oscura?

De momento, resulta especialmente práctica para empresas y administraciones que desean interconectar sus sedes y equipos con una alta capacidad de transferencia y almacenamiento de datos. Así, un banco puede alquilar una infraestructura de fibra oscura para, mediante sus «hilos», gozar de una conexión instantánea y fluida entre sus oficinas. También las administraciones públicas, ante la cantidad bárbara de datos que almacenan y sus necesidades de disponibilidad inmediata: alquilan fibra oscura, le aplican la tecnología que más les convenga y obtienen la capacidad de conexión deseada entre, pongamos por caso, un Ayuntamiento y una oficina del Registro Civil.

Un poco de memoria: Telefónica y sus tubos

En España, muchos de los elementos de las redes que nos llevan internet y teléfono a casa son propiedad de Telefónica, a través de una infraestructura de obra civil heredada tras años de monopolio. El pasado mes de noviembre la CMT aprobó una oferta mayorista con precios, plazos y servicios que fija las relaciones entre Telefónica y los operadores alternativos cuando éstos requieran el uso de los conductos ya instalados para desplegar sus propias redes de fibra óptica.

Pero ¿qué pasa si no es factible el uso de dichos conductos o no es posible el acceso a ellos? Pues Telefónica deberá proporcionar «soluciones alternativas«. Y es ahí donde entra en juego la fibra oscura, que sería una solución para el desarrollo de las conexiones de fibra óptica del resto de operadores. Lo encontraréis detallado en el post que redactamos para la ocasión.

Aprobada la oferta de conductos de Telefónica

Hablemos de kilómetros

¿De cuánta fibra oscura estamos hablando? Según el Informe Anual que publicó la CMT el pasado julio correspondiente al ejercicio 2009, en España hay un total de 125.907 kilómetros tendidos de fibra oscura. Se los reparten entre los principales operadores de telecomunicaciones, pero también entran en juego aquellas compañías que, por una cosa u otra, se dedican a hacer tubos bajo los suelos. Son empresas energéticas y ferroviarias, básicamente, pero también concesionarias y Correos.

Fuente: CMT

Fuente: CMT


Si queréis más, ya habíamos hablado de fibra oscura anteriormente en este blog.

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