En tiempo de recortes hablar de inversión pública puede parecer obsceno. Aunque a lo mejor no lo es cuando lo que está en juego es la médula espinal de un territorio. La renovación de las infraestructuras de telecomunicaciones, el paso del cobre a la fibra óptica, es comparable a trasplantar todo un sistema nervioso, una aventura costosa e ¿inalcanzable? Los interrogantes son más que un recurso de estilo, ya que a excepción de algunas economías asiáticas, el camino hacia la fibra no está resultando fácil: distintos modelos, distinta geografía, distintas cifras y distintos enfoques inversores.

Un fútbol diferente, un enfoque para el FTTH diferente. Foto de www.oztradingcards.com/

Un fútbol diferente, un enfoque para el FTTH diferente. Foto de www.oztradingcards.com

Dejando de lado los planes anunciados por los operadores, queremos abundar en los modelos de aproximación de la inversión pública en el sector de las telecomunicaciones y seguir el argumento de un post que escribimos hace un par de semanas sobre este asunto (3 formas de llevar fibra óptica hasta el hogar). El culebrón de las inversiones en fibra, en modo sinopsis, podría ser el siguiente:

1) La fibra óptica permitirá a los usuarios disfrutar de velocidades de escándalo que facilitarán servicios hasta ahora inimaginables. 2) Los operadores hace tiempo que dejaron de ser empresas públicas y las decisiones de invertir las toman de manera soberana, con el objetivo de maximizar beneficios y de acuerdo a los intereses de sus accionistas. 3) Los operadores con mayor músculo financiero son los mismos que heredaron las redes de cobre cuando fueron privatizados, por lo que hay quien considera que, además de recursos económicos, tienen la obligación moral de mejorar unas infraestructuras del todo amortizadas. 4) Pero como la moral suele casar más bien poco con las cuentas de resultados, las compañías consideran que no tiene sentido invertir cuando existe un modelo regulatorio que puede obligarte en algún momento a compartir esa infraestructura. 5) Los reguladores se apoyan en las fuertes posiciones de dominio de estas empresas para establecer obligaciones que permitan salvaguardar la competencia, fijar precios mayoristas competitivos y a la vez incentivar las inversiones por parte de todos los operadores. 6) Los alternativos se quejan de que los reguladores aprietan poco a los incumbentes. 7) Los incumbentes amenazan con aferrarse al cobre y no invertir si los reguladores dejan que otros utilicen sus redes. 8) Los pocos que se atreven a invertir lo hacen sólo en zonas densas y urbanas, agrandando aún más la brecha digital. 9) Mientras, el usuario espera y espera a que salte la chispa de la competencia para poder disfrutar de una oferta de FTTH. 10) Los legisladores caen en la cuenta de que las políticas de demanda no van a ser suficientes en este escenario de ciclo inversor y anuncian medidas que afectan a la oferta: ayudas públicas, préstamos para despliegues, participación directa en extensión de infraestructura.

Debate filosófico

La forma de abordar el papel del sector público en la renovación de la red de telecomunicaciones se ha convertido, por lo tanto, en una cuestión casi filosófica, donde los defensores de la intervención pública justifican el esfuerzo del Estado apoyándose en las externalidades positivas y los beneficios para la sociedad de la información que supone tener una red de fibra hasta el hogar. Pero al contrario de lo que sucede en el otro gran debate filosófico del sector (la Neutralidad de la Red), en este asunto no existen dos posiciones encontradas. Prácticamente todo el mundo asume que no es posible romper con la brecha digital ni modernizar por completo las infraestructuras de telecomunicaciones de un país sin la inversión pública, aunque sí existen algunos matices de enfoque en los grados de intervención estatal.

Hemos conocido el National Broadband Plan, la Digital Economy Bill y la Agenda Digital Europea. Pero ninguno de todos estos planes es tan ambicioso (en sus objetivos) como el puesto en marcha por Australia: fibra óptica hasta el hogar (FTTH) para el 93% de la población y un servicio mínimo de 12Mbps para el resto, todo ello a través de una red abierta en la que podrán ofrecer sus servicios otros operadores y financiada con fondos públicos. Resultado de la ecuación: 30.000 millones de euros.

El caso de Australia es especialmente significativo porque, hasta el momento, ha sido el único de entre las economías de corte occidental que va a ser sufragado por el Gobierno y, además, lo ha hecho retando al operador incumbente. El acercamiento aussie rompe con la idea que prevalece en Europa de que las inversiones públicas sólo deben destinarse allá donde no llega la inversión privada y se debe fomentar la competencia en infraestructuras. El modelo estadounidense, alejado hasta ahora de la inversión pública, ha comenzado a dar un giro con la llegada de Obama y su alférez en la FCC, Julius Genachowsky: el National Broadband Plan contempla un gasto público de 18.500 millones de euros para salvar la brecha digital y cumplir con el objetivo de proveer un servicio universal de 4Mbps (la FCC calculó que llevar 100Mbps con FTTH a todo el territorio podría costarle 275.000 millones de euros).

En España, la CMT analizó la viabilidad de los despliegues de fibra en el país. La conclusión fue que en un periodo de 15 años entre el 43% y el 46% de las viviendas españolas podrían disponer de un acceso de fibra óptica hasta el hogar proporcionado por Telefónica o por algún operador alternativo.

La fibra como prioridad

Estudios de expertos que hemos podido leer en los últimos días abundan en la idea de la necesidad de intervención pública para las zonas remotas, pero algunos comienzan a poner en duda que los planes políticos estén apuntando a la zonas más necesitadas, o directamente no están de acuerdo en que la fibra óptica sea una prioridad. En un informe redactado por Robert Kenney, director de Ingenious Consulting, se asegura que la prioridad de los gobiernos debe recaer el subsidio de la extensión de banda ancha “a velocidades estándar (hasta 15 Mbps de descarga)” para que llegue a todo el territorio, pero que no existen razones de peso para subvencionar despliegues de FTTH. “Creer que [la fibra óptica] puede generar mayor valor a la sociedad que la banda ancha rápida (hasta 50Mbps de descarga) requiere asumir de forma muy agresiva que las externalidades positivas de la banda ancha ultrarrápida son muy superiores”. Alguna cosa parecida rezuma el informe redactado recientemente sobre la FCC para alcanzar con 4Mbps todo el territorio estadounidense, que como destaca ArsTechnica ha descartado la fibra óptica: “Llevar la fibra a las zonas rurales costaría cerca de 46.000 millones de euros, y la FCC considera que un acercamiento progresivo –que los usuarios tengan un DSL decente, extender luego la fibra hasta un nodo y finalmente llevarla hasta el hogar- es un mejor plan a largo plazo”

El estudio de Ingenous recomienda, una vez más, a los Gobiernos que se alejen de meterse en zonas con alta densidad de población ya que de intervenir en ellas alterarían el equilibrio competitivo y no dejarían al mercado evolucionar por sí sólo. “Los reguladores capaces de mirar en el largo plazo deberían tener como objetivo maximizar los beneficios para el consumidor y para el productor, y no sólo para los primeros”, afirma Kenney, quien respecto al plan de Australia opina que el efecto sobre la anulación de la competencia es claro: “planes como el de Australia o Singapur reconocen el impacto que tienen sobre la competencia, ya que de hecho están creando un monopolio de facto en la provisión de infraestructuras”. La operadora australiana heredera de la red del ex monopolio, Telstra, ha visto como sus acciones en Bolsa se han estancado y se queja amargamente de que la competencia del Gobierno hace inviable su negocio.

Telstra frente a los índices de referencia de la región. Yahoo! Finance

El caso de Australia, sin embargo, sí es visto con buenos ojos por otros expertos de renombre. Según una nota de prensa emitida conjuntamente por los ministros australianos de Finanzas y de Banda Ancha, Comunicaciones y Economía Digital, McKinsey y KPMG han redactado un extenso estudio sobre la viabilidad del plan Australiano y la conclusión es que éste es viable. Aunque no ponemos en duda la calidad y la rigurosidad del estudio de Robert Kenney (Ingenious Consulting) y del análisis de viabilidad hecho por McKinsey y KPMG, es importante destacar que el primero de ellos ha sido comisionado y financiado por Vodafone y el segundo ha sido un encargo directo del Gobierno australiano.

Acuerdos entre operadores y sector público

Los analistas de McKinsey hace ya tiempo que son evangelistas de los despliegues de fibra. Aunque haya bendecido la opción planteada por Australia y alertado que el negocio de las conexiones fijas es cada vez menos rentable, hace tan sólo unos meses (en un white paper que también reflejamos en el blog) la prestigiosa consultora reclamaba a los operadores y a los gobiernos europeos que se pusieran a trabajar de manera conjunta: “La industria debe liderar de forma proactiva un diálogo [con los gobiernos] y evaluar cuanto antes sus futuros despliegues de fibra. Si fracasan en escoger el momento adecuado podrían erosionar su capacidad financiera y dejar a Europa muy lejos de otras regiones”.

Es precisamente ese mecanismo automático del mercado en zonas competitivas (la competencia debe animar la inversión) el que están esperando algunos reguladores y legisladores. Los que ven brotes verdes apuntan a Francia y al despegue de las inversiones en fibra por parte de France Télécom ante la presión competitiva de los alternativos; o al reciente anuncio de British Telecom, empujada por la competencia del cable y las inminentes ofertas de otros competidores. También destacan los acuerdos firmados entre empresas, consocios públicos o municipios en Holanda para desplegar FTTH. Por su parte, en mercados en los que hace tiempo se apostó por un modelo sin intervención regulatoria, como Estados Unidos, el incentivo no tiene más remedio que venir de la propia competencia, y también hay algunos ejemplos: ahí está Verizon, con un plan de inversiones en fibra óptica de 20.000 millones, liderando el crecimiento en FTTH y hasta Google.

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