Nos enteramos a través del Blog de Stefano Quintarelli que el pasado 6 de marzo se celebró en la New York University un acto para conmemorar los 25 años de la segregación del supermonopolio de AT&T.

Repasar la historia de este gigante de las telecomunicaciones es un buen ejercicio para comprender cómo ha evolucionado la competencia en un sector donde el tamaño casi siempre ha importado.

El origen de AT&T (American Telephone and Telegraph) tiene lugar en 1876, con el mismísimo Graham Bell, el inventor del teléfono. Los 135 años de historia de esta compañía están perfectamente documentados en su web y en multitud de entradas de la wikipedia. En este post vamos a fijarnos sólo en el intervalo que va desde la  explosión de AT&T a la actualidad, con el objetivo de echar un vistazo a la evolución del mapa competitivo estadounidense de telecomunicaciones y las consecuencias de esa decisión.

La historia de la separación del gigante AT&T comienza en 1974 cuando el  Departamento de Justicia estadounidense llevó a la compañía a los tribunales por comportamiento anticompetitivo. El proceso se prolongó hasta 1982, aunque no fue hasta dos años más tarde cuando se dividió en siete operadores, bautizados como Regional Bell Operating Companies o «Baby Bells»: Bell South, Bell Atlantic, Nynex, American Information Technologies, Southwestern Bell, US West, y Pacific Telesis.

AT&T acordó con los tribunales de Justicia la segregación estructural de la empresa a cambio de poder entrar en el sector de la informática (compró más tarde NCR), explotar la electrónica (Bell Labs) y mantener el negocio de las llamadas de larga distancia.

Pese al acuerdo judicial, la ruptura de AT&T supuso un golpe en la mesa de los poderes antimonopolio del estado, y provocó reacciones en contra que abarcaban todo el espectro político del momento.

«Empleados llorando por los pasillos»

Los ejecutivos de la compañía apelaron entonces a la historia de la operadora, a su representatividad como ejemplo de la tecnología punta americana e incluso al sentimentalismo: «tras la decisión del tribunal los empleados lloraban por los pasillos», señaló Robert E. Allen, por aquel entonces directivo del Bell System y más tarde presidente de AT&T, en unas declaraciones recogidas por la revista Business Week. En el ejército hubo quien insinuó que la división de la compañía atentaba contra la seguridad nacional porque EE UU necesitaba una red de comunicaciones integrada.

Sin las llamadas locales, AT&T no lo tuvo fácil. En el negocio de la larga distancia encontró pronto competidores potentes como MCI (hoy del grupo Verizon) o Sprint, y su apuesta por la informática terminó en 1996 con la segregación de NCR. Además, la bandera innovadora de AT&T, Bell Labs, pasó a convertirse en una compañía independiente, Lucent Technologies. La compañía entró a principios de los 90 en el negocio del móvil y el cable, el primero lo segregó en 2001 y el segundo fue adqurido por Comcast tras una opa hostil iniciada ese mismo ejercicio. Finalmente en 2005, acordó la fusión con SBC Communications, una compañía que ya integraba a tres de las antiguas Baby Bells (Ameritech, Southwestern y Pacific Telesys), y un añó más tarde la nueva AT&T engullía a Bell South.

Otras Bells se fusionan

Por su parte, en el Noreste de EE UU otras dos Baby Bells, Bell Atlantic y Nynex, se fusionaron en 1996 para comprar después GTE, la mayor teleco independiente (no Baby Bell) del momento en EEUU. El resultado de este proceso de concentración es la actual Verizon.

Por lo tanto, de las siete compañías que nacieron tras la desintegración de AT&T se ha pasado ahora a la existencia de tres grandes grupos: AT&T, Verizon y Qwest (antigua US West); cinco grandes operadores de móvil (los dos primeros pertenecientes a  Verizon  y AT&T, y el resto: Sprint Nextel Corporation, T-Mobile USA y TracFone Wireless) y ocho proveedores de cable (encabezados por Comcast y Time Warner).

A pesar de que el mercado estadounidense de telecomunicaciones es uno de los más dinámicos del mundo, y que  a los pocos años de la separación los precios de la telefonía bajaron drásticamente, 25 años más tarde de la ruptura de las Baby Bell todavía hay quien se pregunta si esa decisión fue buena o mala para el sector. Los escépticos justifican su nostalgia señalando que lo peor de todo fue la desintegración del Bell Labs, que según ellos originó una pérdida irreparable en la carrera tecnológica de las telecos americanas. Teniendo en cuenta el impacto que  Internet y la telefonía móvil han tenido en el sector, este argumento parece hoy un tanto débil, ya que todas las compañías de telecomunicaciones son conscientes que la innovación constante, más que un arma competitiva, es la única opción de supervivencia.


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